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Cuando la Mafia se rinde al Funky: El Padrino Disco (1979)

Como negro honorífico que soy, experimenté sensaciones contradictorias respecto al reciente estreno de “Django Desencadenado”. Por un lado, me alegró sobremanera que otro título engrosara las filas del tristemente fenecto género del Blaxploitation. Pero por otra parte, temí que la peliculita generara una nueva hornada de autoproclamados fans del blaxploitation que se creen que “Shaft” es un limpiacristales.

(Bueno, en realidad no; en realidad, al saber que Tarantino iba a sacar otra película, mi reacción fue más parecida a la de una belieber puesta de MDMA tras descubrir in fraganti a Justin Bieber sodomizando a los One Direction [uno a uno, quiero decir].)

Pero a lo que iba, creo que este momento es tan bueno como cualquier otro para conmemorar a uno de los grandes (y olvidados) pilares del género: Rudy Ray Moore.

Rudy Ray Moore lo da todo


Aquí, tras descubrir a Justin Bieber y los One Direction haciendo un “Timón holandés”

Y concretamente, una de sus películas más sonadas, “El Padrino Disco”.

don Corleone to fasi


“Le haré una oferta que no podrá Disco-esquivar.”

En efecto. Para entender esto hay que darse cuenta de que el blaxploitation se basa en vastas cantidades de cara dura. ¿Que sale una película que tiene tirón y es un bombazo en taquilla? Pues nosotros estrenamos una con un título parecido pa ver si cae algún espectador despistado, y ya justificaremos el título de la forma más patética posible. Es algo parecido a las copias piratas de juguetes (“Space Rangers”, “BatBoy” y “Star knight” son algunos ejemplos).

Así, esta tendencia (y ese morro) dio lugar a grandes joyas del cine como son “Blacula”, “Blackenstein”, “Dr. Black, Mr. Hyde”, “Cleopatra Jones and the casino of gold”, “Emmanuelle negra” y, por supuesto…

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Entremos en materia. En esta película, el anteriormente mencionado Rudy Ray Moore interpreta a Tucker Williams, un ex sargento de policía experto en artes marciales/DJ de música Disco, que ahora ha comprado su propia discoteca, no porque en las demás nadie lo quisiera, sino para tener un speakerman gordito que se dedica a cantar las bondades de Tucker 24 horas al día (que son 23 horas y 59 minutos más de lo que hace falta para hacer la lista completa…)

speakerman gordito


“Sí, la señora sabe de lo que estoy hablando…”

En ese momento hace su aparición estelar el histriónico protagonista…

el padrino disco disfrazado


…Que va vestido así…

… Y básicamente se dedica a llevarse de calle a todas las afroamericanas con pelucón gracias a sus pasos de baile súper funky, la repetición casi sectaria de la frase “put your weight on it” y la miríada de matices que irradia su expresión facial.

Como queríamos demostrar...


QED

Todo va bien, todo es felicidad para Tucker (si no contamos la inquietante presencia de exactamente ÚN caucásico en su discoteca, que para colmo no sabe bailar).

un blanquito que no sabe bailar


“Joder, yo hago todo lo genéticamente posible…”

…PERO oscuras -jiji- sombras se ciernen sobre el bueno del Padrino Disco, ya que su sobrino, su propio sobrino, carne de su carne, sangre de su sangre, flow de su flow, es convencido por un amigo insufriblemente pesado (casi más que el “put your weight on it” de su tío) para que pruebe el PCP exactamente UNA vez.

Como esta película se rodó después de la era Nixon, cuando volvía a estar mal que los negros tomaran drogas, el mensaje que nuestro amigo Rudy Ray Moore nos quiere transmitir a nosotros, el dócil y corderil público, es que las drogas son maaaaalas. Si para ello tenía que rodar una película sin informarse de los efectos reales del consumo de drogas, pues se rueda y punto. Y si en esa película puede salir él haciendo kung fu, pues sale y punto. Lo que sea por la lucha contra la drogadicción.

Pero no nos adelantemos. A donde quería llegar es a que Bucky, el chulito sobrino de Tucker, toma drogas una vez (y, presumiblemente, ruso blanco muchas veces) y tiene un episodio psicótico. El tío la lía en la discoteca, empieza a alucinar y acaba en el hospital, donde el bueno del doctor Mathis tiene el desafortunado deber de hacer una visita guiada por las dependencias para que Tucker vea otros pacientes, en plan circo de los horrores.

También discute con una voluminosa señora acompañada de un cura, la cual erre que erre, al final decide que rezar, y no la medicina, es lo que salvará a su hijita.

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Total, que Tucker decide iniciar una cruzada pateaculos contra los traficantes de drogas del barrio. Cualquiera pensaría que arrancar un proyecto de estas características es fácil, al menos en lo que a apoyo social se refiere, pero el Padrino Disco se encuentra con una resistencia tan fuerte que roza la negligencia criminal.

Tucker interroga a un criminal de medio pelo


– ¿Me firmas esta petición para echar a todos los traficantes del barrio?
– No sé, tío, forman una escena tan pintoresca…

Al pobre muchacho le pinchan el teléfono (y se tiene que pegar con los operarios de Telefónica, aunque sinceramente, algunas veces yo también lo haría), nadie le hace caso en sus arengas, lo echan de una fiesta de narcotraficantes (sí, según esta película, existen), y tiene que interrogar a los personajes más extraños del barrio para continuar con sus pesquisas.

Pero suerte que Tucker tiene un pasado del que tirar. Sus ex compañeros policías se ofrecen a prestar toda la ayuda que puedan, basándose en que se rumorea que nuestro protagonista es una fuerza de la naturaleza que nadie puede parar (aunque minutos antes dos operarios de Telefónica casi se lo cargan de un par de golpes).

Gracias a esta extraordinaria ayuda, y a un infiltrado policial sólo marginalmente más incompetente que sus supeiores, al final se descubre (cuidado, spoilers a partir de ahora) que el cerebro detrás de esta red de drogas es un tal Stingray, un “filántropo” y hombre de negocios ampliamente respetado a nivel local. No sólo eso, sino que el avieso Stingray dopó intencionadamente a Bucky porque éste no quería unirse a su equipo de baloncesto (ojalá me estuviera inventando esta parte tan ridícula, pero no).

Eso ya es la gota que colma el diminuto vaso de paciencia de Tucker, que decide atacar frontalmente la fábrica de drogas de Stingray , lo cual por cierto da lugar al mejor diálogo/mejor frase de la película:

– OK, ¿Qué pasa aquí? Tuck, ¿Necesitas ayuda?
– Esto es una fábrica de Polvo de Ángel.
– ¿Polvo de Ángel? Pateemos culos, entonces.
– ¡Me mola!
kung fu acrobático


Todo esto mientras machacan a cuatro delincuentes a base de Kung Fu acrobático, por supuesto.

Es en este momento que al Padrino Disco le da por entrar él sólo, mientras todos sus demás aliados montan guardia fuera sin motivo aparente. Lamentablemente, poco después de irrumpir en el almacén/laboratorio/decorado de película de Serie B, Stingray descubre sus cartas, que básicamente consisten en darle un chute de PCP a su enemigo (sin cobrarle ni nada). Éste empieza a alucinar de mala manera, llegando incluso a ver a su propia madre.

tucker sorprendido


Experiencia esta que, a día de hoy, todavía no estamos seguros de si le asusta o le provoca un orgasmo.

Minutos después, los policías (y Bucky, que también está allí desde no se sabe cuándo) se dan cuenta de que el plan de enviar a una sola persona mientras todos los demás esperaban fuera era una tontería desde el principio, así que poco después los tenemos irrumpiendo en la estancia donde se encuentra Tucker, más colgado que David Carradine, el cual grita con toda la fuerza de sus pulmones…

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Y ya está. Fin. Corte abrupto y a créditos finales. Nunca sabemos si capturan a Stingray, si  Tucker se recupera, si el Disco sigue estando de moda… Nada. Fin. Gracias por venir, lárguense a sus casas. No sabemos si se quedaron sin pasta o que les dio por cortar el rollo, pero ahí lo tienes.

Dicho esto, la película en sí (menos el final) es un hilarante desfile de muecas y negritud, así que si os resulta remotamente interesante el género, recomiendo que le deis un tiento. Por cierto, nunca llegó a ser doblada a castellano (por obvias razones de cutrerío), así que un servidor se ha tomado la molestia de crear unos subtítulos SRT en castellano que ahora pongo públicamente (y en primicia) a disposición de quién los quiera.

Logo de la teletienda


“Pero sólo por tiempo limitado, llamando al número que aparece en pantalla…”

Subtítulos en español de Disco Godfather

De nada, Internet. Te acabo de devolver un poquito de todo lo que me has dado.

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