Archivos Mensuales: febrero 2017

MANGAKA: el juego de cartas de la Super Juegos

No es la primera vez que se comenta algo de la desaparecida SuperJuegos por aquí y es que pese a ser una revista muy superior a Hobby Consolas durante la segunda mitad de los 90 (a la que yo le tengo cierto cariño a pesar de las burradas que decían) también es cierto que en sus páginas por una razón o por otra aparecieron auténticas bizarradas que no es que hayan envejecido mal, es que ya eran sonrojantes incluso en el momento de su aparición. Pero si hay un experimento que brilló con luz propia ese fue sin duda el de la hoy recordada Japanmania.

Tras el boom del manga a inicios y mediados de los 90, surge como suplemento independiente tras la sección Manga Zone que ya venía escribiendo Nemesis desde creo recordar el número 30 y que en palabras del propio The Punisher era el medio con el que Nemesis y The Elf podían hablar de muchos juegos raros japoneses que nunca llegarían a nuestras fronteras.

Aparecería primero como pequeño fascículo a tamaño cuartilla (Super Manga) en donde encontramos las inconclusas aventuras del inefable a la par que deliciosamente cutre Makako (por Raito Gobún!) y del que les escaneo una de las páginas al final del párrafo para que contemplen en todo su esplendor una de las muestras más horrendas de lo que entonces se dio en llamar “manga español”. Tras una serie de números de este Super Manga, pasaría a aparecer como la Japanmanía que hoy “todos” recuerdan, a tamaño folio, en color y maquetación ya en condiciones en consonancia al propio modelo de la revista.

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Y si por algo es recordado hoy en día este ad-on de la Superjuegos es por las conocidas sexy nippon girls, lozanas jovencitas ligeras de ropa que, aunque es justo reconocer que alguna se salvaba, la realidad como todo el mundo sabe, es que eran más bien mediocres, con alguna normalita. Un guantazo de la cruel realidad tras imaginarnos que las japonesas eran como las que salían en Urotsukidoji. Hoy ya sabemos de su procedencia, una especie de revista de contactos japonesa o algo así, y no la Playboy de por allí, como se nos pretendía hacer creer. Así de inocentes éramos todos antes de la era Google.

Sin embargo no hablaremos de las sexy nippon girls hoy (ya se ha hablado de ello en varias ocasiones en otros sitios), sino de algo mucho  más bizarro y quizá menos recordado: el juego de cartas coleccionables aparecido en cada número de la Japanmania y bautizado con el originalísimo  nombre de MANGAKA, con K de Mortal Kombat. Al mismo nivel de cutrismo que la horrorosa tira del Niñotaku (simplemente abominable) aunque con el pecado en su haber de que se chupaba unas 6 páginas del suplemento. Imperdonable para un suplemento que contaba con una 35 páginas en total en donde también se incluyen las páginas dedicadas de las sexy girls.

Mangaka trataba de un juego de cartas coleccionables (ese boom de los juegos de cartas mediados los 90) acompañadas de un horrible dibujo digno de un niño de tres años que plagiaba en la mayoría de las ocasiones y de manera cutrísima fotogramas de las pelis de Manga Video y Anime Video editadas por entonces, como Alita, Dominion Tank PoliceStreet Fighter the Movie, Akira, etc.

Pero si el nivel de dibujo era tremebundo, los textos que los acompañaban no lo eran menos. Productos de la mente más calenturienta de cualquier chaval de 15 años de los 90, pero no de un chaval normal, de uno que tenía pinta de ser un frikaso de tres pares de cojones.

Parece ser, y de nuevo en palabras de The Punisher, que el elemento en cuestión respondía al nombre de Jesús M. Montane, en palabras del mismo The Punisher, “el friki entre los frikis”, al que le hicieron este hueco en la revista para que diera rienda suelta a sus perversiones más adolescentes. Tenemos que recordar que estamos hablando de una revista dirigida al público juvenil de mediados los 90, en donde las salidas de tono estaban supuestamente fuera de lugar.

Jesús M. Montane, que hoy en día se dedica a hacer cine, habiendo llegado a colaborar con él el mismísimo Francisco Arrabal (que Dios nos coja confesados….) también será quizá recordado por los de mi quinta por haberse peleado mediante las páginas de sus respectivas revistas con ¿Oscar Valiente? (hablo de memoria, no tengo el número a mano en estos momentos) editor de la desaparecida revista de Norma Otaku. Una deliciosa pelea nerd tras el paso de Montane por el programa “Esta noche cruzamos el Missisipi” de Pepe Navarro cuyo tema era precisamente el del aún desconocido mundillo del manga y anime y en el que parece que Montane hizo demasiado hincapié en el aspecto sexual de muchas de estas historias (no llegué a ver la entrevista en su momento).

Centrándonos en el juego de cartas, los textos que acompañaban las imágenes no tenían por dónde cogerlos. Auténtico universo ciberpunk épico-decadente como diría Cels Piñol con una gran cantidad de lugares, personajes absurdos, acontecimientos y objetos sin ningún tipo de orden y totalmente aleatorios.

Denominaciones como protogenéticos, poderes de mediumnidad, ceremonias de absorción de personalidad divertida, monedas coprófagas, kreptaks (deduzco que es una medida de tiempo), agujeros proto-kármicos, la noche de Shuklak, la práctica del ashumayat (técnica que permite la transferencia mental de datos por medio de la oración contínua ¿?); nombres que recuerdan a términos orientales como Libro Gólgota de Haki, kami-carreras, Gainax-Yoshi, Yoya Hyumake, señor Konuba … También encontramos deidades impronunciables como Bubumakerusimlamutoponekarosumengabotuna-kal. Chúpate esa Lovecraft.

Lo cierto es que no se si alguien en algún momento le dio por echar alguna partida a esta aberración juvenil, y es que con semejantes cartas cada partida debía de ser una experiencia. A ver si un día de estos me decido, las imprimo todas, me hago mi mazo y le pido a cierta individua que me sufra conmigo semejante agonía proto-kármica. Mientras tanto les dejo una pequeña recopilación con algunas de las cartas más delirantes que aparecieron. No hago comentarios. Nunca podría estar a la altura del genio literario de Montane. Sólo lean y saquen sus conclusiones. Mientras, nosotros, seguiremos fantaseando con Amabe Toruko, “directora del aeropuerto Mampobo y de sus tres vaginas”.

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Hong Kong Key Sholay. James Bond a lo pakistaní

Pakistán es un país del que sabemos más bien poco la  verdad. En mi caso sobre Pakistán sé que hay tela de gente de ese país viviendo en el Reino Unido, que la mayoría son caseros y dueños de takeaways y que sus películas son como las indias pero cambiando la parafernalia hindú por la musulmana.

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Hong Kong Key Sholay (1985) es una peli de la que apenas hay nada escrito en internet a día de hoy, no ya en español, de lo que al menos yo no he encontrado ninguna referencia, sino ya incluso en inglés, del que apenas hay referencias a ella.

No voy a entrar en pormenores sobre actores, porque la verdad, tampoco importa demasiado, no mucha gente será experta (ni yo tampoco) en cine Pakistaní como para meternos en estos campos (aunque algunos de los que participan si son conocidos en su país de origen). Según IMDB (que no aporta demasiados datos) la dirección recaería sobre Jan Mohammed, quien también habría dirigido la mucho más conocida en el mundillo, International Gorriallay (International Guerrillas – 1990), mucho más comedido esta vez pero igual de divertido.

La cosa va de agentes secretos a lo James Bond. El argumento, a grandes rasgos, versa sobre una organización mala conocida como Grupo Z, de Zambura, nombre del genio del mal que la dirige la organización, una especie de Lauren Postigo pakistaní con bigote que incluso cuenta con su propio tema musical y que quiere adueñarse del mundo. Para solucionar el entuerto el gobierno de Pakistán envía a Hong Kong, que es donde Zambura tiene su base, a su agente secreto molón, Feroz Khan, tipo de aspecto de gala de fin de año de la televisión española de los 70.

Por otro lado tenemos a Tiger, científico que se entretiene con su nueva creación, cigarros bomba, los cuales arroja a los aires para que exploten al caer como si repartiera caramelos en una cabalgata de reyes magos. Zambura, con ese tan característico bigote con tirabuzón que tanto les gusta a los pakistanís, lo engaña para que trabaje para su organización creando un arma definitiva (un gas-fuego) y secuestrándolo para que lleve a cabo el trabajo.

Es entonces cuando el gobierno pakistaní envía a nuestro hombre Feroz Khan a Hong Kong para pararle los pies. Decir que aunque aparentemente hay algunos parajes en donde aparecen carteles chinos y que parece que en realidad están rodados en Thailandia, la mayor parte de las veces nos colaran escenarios de Pakistán pretendiéndolos hacer pasar por chinos, por no hablar que los personajes cuando se encuentran en Hong Kong van de cabaret pakistaní en cabaret pakistaní. Nunca he estado en Hong Kong, pero si tuviéramos que hacer caso al film Hong Kong estaría plagado de establecimientos (y gente) de Pakistán.

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Tras un par de peleas, Feroz Khan conocerá al alivio cómico imprescindible en este tipo de películas, Diblar, interpretado por el conocido actor (en Pakistán) Rangeela con pelucón rememorando a Maradona en sus peores momentos (amplio espacio temporal). Conocerá a la chica, como en las pelis de James Bond, que pretenderá vengarse de Zambura por haber matado a su hermano usando el gas-fuego. Decir que lo de la chica Bond hay que entenderlo a la manera pakistaní, aquí no se muestra cacha ninguna, y por supuesto ella es tradicional y decente.

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Desde que se conocen los tres personajes principales hasta la mitad del film la cosa girará en torno a varias pelas con los esbirros de Zambura, los cuales van vestidos de cosplay de Mario Bros. También el científico, Tiger, se rebelará al conocer la verdad y será torturado por el grupo Zambura usando para ello de elefantes asesinos (o eso pretenden hacernos creer claro). Feroz Khan llegará y junto a la ayuda Tiger acabará con el megalómano plan de Zambura destruyendo la maqueta de su base con unos petardos. ¿Y ya está? No amigos, esto es una película pakistaní, y como las películas indias su duración se alarga al mínimo de las 2 horas y media, tiempo para contarnos una saga completa. Ahora comenzamos a vislumbrar el drama griego que se nos avecina.

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Tras acabar con la base del enemigo Feroz Khan se quedará a vivir en “Hong Kong” y se casará con la chica (la madre de Feroz Khan se lo manda, y si tu madre pakistaní te manda que te cases con una mujer no hay más que hablar). Pasan un par de años y Feroz Khan y la chica tienen dos hijos, un niño y una niña. Zambura no se ha olvidado del agravio y cuando la pareja ya no se acordaba de lo sucedido éste reaparece y rapta a los dos niños con la amenaza de matarlos si Feroz Khan no aparece a la hora marcada en el lugar señalado. Se masca la tragedia, Feroz Khan aparece para salvar a sus hijos, “soy musulmán y un musulmán nunca teme morir al enfrentarse a su enemigo” amenaza Feroz Khan,  que finalmente muere ante las garras de Zambura y ante la atenta mirada de su hijo, Javed, que se salva ante la oportuna aparición de la policía y la huida de Zambura de escena.

Mientras tanto la niña, que se llama Babli,  conseguirá huir por sus propios medios. En su huida se enfrentará a los temibles elefantes asesinos de Zambura, de los que la niña se librará cantándoles una canción para que se entretengan bailando mientras ella puede escapar (¿?) yendo a parar a la casa de uno de los esbirros (uno de los que se visten como Mario) que se queda con ella y la instruirá para el servicio de Zambura mientras todo el mundo la da por perdida.

El niño vuelve a Pakistán, donde será criado por sus abuelos y su madre con el tortuoso y perpetuo recuerdo de la muerte de su padre y secuestro de su hermana, forjándose con ello un vengador al más puro estilo de los noventas cuyo único objetivo será encontrar a su hermana y vengar la muerte de su padre. Aquí el dramático momento en el que se forja un Punisher pakistaní:

Javed viaja de nuevo a Hong Kong para dar caza a Zambura, se encontrará con Babli por el camino y conocerá a otra chica (no puede faltar), Tania, que da la puta casualidad que es la hija de Tiger, el científico que raptó Zambura y que ayudó a Feroz Khan a derrotar a Zambura. Hong Kong es un pañuelo. Tras varios bailes y tonteos Javed se encontrará con su hermana sin que ambos lo sepan. Babli trabaja ahora para Zambura asesinando diversas personalidades hostiles al grupo Z. Ambos se enfrentarán y se liarán a hostias y cuando la sangre salpique la cara de ambos, esa misma sangre hará sospechar a Javed que ella es su desaparecida hermana y a ella algo le impedirá seguir luchando contra él, ya que esa misma sangre se su hermano salpicada en su cara le hace sentirse como diferente. No, no es un episodio de Los Caballeros del Zodiaco, seguimos con la peli pakistaní.

Tras la pelea y que Javed recuperase de nuevo sus cosmos, Babli aún no lo tiene del todo claro y vuelve a la carga. El robot hace acto de presencia. Sí, la película cuenta con un robot, que siempre mejora cualquier película, enemigo brutal al que Javed deberá de hacer frente sin mucho éxito, abandonando el victorioso robot el escenario tras que se agarre del ala de una avioneta cual Moriarty robótico

Finalmente Javed irá en busca del encuentro con su hermana para convencerla y decirle la verdad, que él es su hermano y ella la hija de Feroz Khan. Aquí el dramático momento del encuentro:

Los pelos de escarpias señora. Babli no lo tiene claro y lo entrega a Zambura, que lo ata a un par de palos para torturarlo y matarlo. Pero Zambura no contaba con la música. Sí señores, Javed le canta a Babli y la convence de su pasado, salvando a Javed y enfrentándose junto a Tiger, que aparece para salvar la situación, a Zambura, al que acaban acorralando en el mismo escenario donde anteriormente fue asesinado Feroz Khan y que, ahora sí, será la nueva tumba del malvado Zambura. La justicia y la venganza se ven cumplidas y todos, incluido Babli, pueden volver al fin a Pakistán y descansar en paz junto a un buen Chicken Tikka.

Y como bonus el baile de los Marios pakistaníes: