Archivos Mensuales: septiembre 2012

Caperucita Roja y Pulgarcito contra los Monstruos

Director: Roberto Rodríguez

Año: 1962

Nacionalidad: México

Una mierda mu gorda. Esa es la expresión que mejor define esta producción mexicana de 1962. Ni por el hecho de ser supuestamente infantil se salva. Ya la propia portada y el título nos advierten, como los insectos y plantas venenosas hacen con el color, que nada bueno esconde, que debemos mantenernos alejados de ella. Esta película sin duda se merece nuestro sello de desaprobación particular:

Vamos a ver. La cosa ya comienza fatal, tras un pequeño monólogo nos encontramos en un castillo en el reino del mal en donde habitan los peores engendros, seres del averno y actores con los peores disfraces de la historia del celuloide. Antes de nada pasemos a conocer los principales monstruos con los que Caperucita y Pulgarcito deberán enfrentarse más adelante:

Hombre Queso de Tetilla:

En la peli lo llaman “Cocoliso”, término un tanto amplio que en realidad podría aplicarse a todo aquel con carencia de pelo; de hecho no es el único monstruo calvo que allí habita. Tiene una voz EXTREMADAMENTE estridente, aunque más adelante se nos muestra como un tipo con unos modales exquisitos que come pavo con dos deditos en trocitos pequeños, como muy fino.

El dúo de hermanos mellizos:

El calvo (¿ven lo que decía antes?) es el que manda de los dos, ya que el neanderthal que tiene detrás no habla en toda la peli y no para de recibir sopapos de su abusón hermano. Es como la pesadilla de de cualquier nerd, tener al quarterback pegado a tí sin poder separaros.

El duende del huracán:

Una especie de versión cutre de “Chiquito de la Calzada” (lo cual ya es decir bastante) cuya habilidad es, pues eso, soplar y levantar polvareda. Tiene pinta de apestar como él sólo.

La bruja Tontina:

Así es como la llaman en el castillo y es la supuesta heredera. Es algo así como una maestra de lengua vieja con Alzheimer o problemas mentales. Quizás el personaje más bochornoso de toda la película, y que destaques por ello en semejante grupos de tarugos es mucho decir. Al poco de empezar sabremos datos sobre este personaje que no hubiésemos querido conocer, como que, según el Lobo, la bruja no sólo “se chupó” al Vampiro, sino ¡A TODO EL CASTILLO!

La bruja:

Es la que maneja el cotarro. Es la única que no hace gilipolleces en la película, dando la sensación de estar tremendamente frustrada al mandar sobre toda una panda de gente con deficiencia mental severa.

Tras una patética escena musical en donde se nos presentan los principales monstruos (los mencionados antes más otros con menos presencia como el propio conde Drácula, el hombre del saco o Frankenstino) se nos hace saber que, aunque muy malos, esta gente tiene su propio código penal, y le están celebrando un juicio con jurado al Lobo y al Ogro por haberse vueltos bondadosos. Son condenados a muerte tras que el “búho del mal” cante por tercera vez. El escudero del Lobo (el que pretende ser el personaje gracioso y chistoso de la peli) una mofeta muy hostiable ve la escena desde una de las ventanas y se va a avisar a los únicos que pueden ayudar a nuestros otrora malvados monstruos, Caperucita Roja y Pulgarcito.

De nuevo se nos presentan a nuestros héroes con una canción (afortunadamente más adelante se olvidarán de cantar hasta la escena final) que pasean por el bosque junto al perro de Caperucita, ¡EL ÚNICO SER QUE MUESTRA INTELIGENCIA DEL REPARTO! Y es que el perro pasa de los actores como de la mierda, cada vez que ve un hueco procura alejarse de la escena, como no queriendo que lo involucren con esa gente. Seguro que obvió su participación en esta producción en su currículo en años posteriores.

En fin que tras contarle la mofeta lo sucedido a los dos niños, la bruja decide envenenar el agua del río y transformar a los habitantes del pueblo en monos (chancos que dicen ellos). A la familia de Pulgarcito no sabemos porqué pero se transforman en ratones. Los niños se dan cuenta pronto de los sucedido y tras evitar que la estúpida mofeta beba del agua (“tengo sed” dice el mamarracho tras saber que el agua transforma en chancos a la gente) se dirigirán al reino del mal a rescatar al Lobo y al Ogro y volver a la gente de la aldea a la normalidad.

Desde entonces y hasta que lleguen los niños al castillo se intercalarán escenas en las que vemos al Ogro y al Lobo en la celda haciendo el memo. El Lobo, que no para de soltar horribles chascarrillos, es INSOPORTABLE, y no se callará ni aunque el Ogro le abra la cabeza con la bola de hierro con la que se encuentra encadenados. Especial mención merece una patética escena en la que se cae algo por detrás y pare que el Lobo se ha lanzado un pedazo de ñordo.

En el camino hacia el castillo de la bruja Pulgarcito será transformado en “grande” por parte de un hada con varita mágica customizada con bengalas de las de fin de año. Se enfrentarán a varios monstruos por el camino, hasta dar con el hombre del saco, el cual será vencido por los niños, que de paso rescatarán a otros muchos chaparros que se vengarán del hombre del saco a base de bien. ¿Cómo? Atarán sus pies y lo colgarán boca abajo de un árbol para acto seguido armarse con estacas y palos con las que darán buena cuenta de la improvisada piñata. Lo que nos demuestra que los niños son peores que los monstruos, al menos éstos te organizan un juicio primero antes de condenarte.

Como los niños se acercan, la bruja acelera el proceso, y obliga a salir la Luna para hacer cantar al búho la tercera vez y cumplir la condena del Lobo y del Ogro (ya lo obligó a cantar la primera vez, ¿por qué ahora no?) Por cierto que me llama mucho la insistencia de la bruja por el cumplimiento estricto de las leyes en el mundo del mal. Hacen un juicio, dictan sentencia y tiene que esperar escrupulosamente  a que se cumplan las condiciones establecidas en la resolución del litigio. El país del mal funciona. El caso es que el Lobo y el Ogro se escapan de la celda aprovechándose de la discapacidad psíquica de Cocoliso, lo cual de poco les sirve ya que, tras enfrentarse a un grupo de PATÉTICOS monstruos (en los que se encuentra Blanka de “Street Fighter” y el “Ninja Hattori”) son capturados por el duende “Chiquito de la Calzada” del huracán.

Ya nos aproximamos al final. Nuestros dos antihéroes son torturados para ser finalmente salvados por los niños, con lo que sólo les resta salir del castillo. Cosa nada sencilla, ya que la bruja envía tras ellos a Frankenstino y al “dragón” del castillo. La cosa es que mientras uno ve esta escena no puede dejar de pensar en que los actores se la jugaron aquí, y es que el patético dragón, que no se mueve por la imposibilidad del disfraz, hecha fuego por la boca, y recordemos que los actores están embutidos en ridículos disfraces de pelo que tienen pinta de arder con un peo que te tires. En fin, que los niños a los que antes salvaron, tras encontrarse de nuevo con el hada, se dirigen a ayudar a nuestros amigos, pegándole una paliza al dragón y a Frankenstino.

Ya por fin, se enfrentarán a la bruja, a la cual vencerán tras una extremadamente bochornosa escena. Ésta, supuestamente se caerá en la chimenea con cara de diablo que tiene en una de las habitaciones, y digo supuestamente, por que se lanza de cabeza claramente como si hubiera visto un billetazo dentro. Es que esa escena no te engaña ni aunque tengas 5 años vamos. La otra bruja, la que tenía problemas mentales, al final se quedará y se convertirá en buena. Al final, y como no podía ser de otro modo, todos contentos, canción final, y el perro que en el último fotograma volverá a marcharse humillado y avergonzado de que lo incluyesen en tremendo despropósito no queriendo que no lo relacionen con el resto del bochornoso reparto

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Liu en París (Zen Kwun Do strikes in Paris)

Director: Joh Liu

Año: 1979

Nacionalidad: China

Resulta a la vez complicado y sencillo realizar un comentario sobre esta película. Complicado porque a uno le cuesta seguir el desarrollo con tanto flashbacks y subtramas. Sencillo porque en realidad el propio argumento no importa. Y no quiero decir que nos importe una mierda, que también, sino porque al propio Liu (que dirige, produce, escribe el guión y protagoniza) también le importa un ñordo, hasta el punto que cuando acaba la película todo lo que nos ha relatado queda, no sólo sin resolver, sino que es como si no hubiese existido.

Aparte del personaje del film, en la vida real, Liu fue un reputado especialista en artes marciales (como curiosidad, llegó a pelear con Chuck  Norris en una exhibición) con una vida, digamos, que un poco turbulenta. Para no alargarme la resumiré un poco diciendo que se hizo bastante famoso en los 70 en Francia, residiendo en Europa y creando su propia escuela llamada Zen Kwun Do, apareciendo en numerosas revistas especializadas en absurdas entrevistas en donde exaltaba su pasado místico (evidentemente inventado). Tras, según él, rechazar un papel ofrecido por Bruce Lee, dirigió su primera película en 1976, “Rivales Secretos”  (no aparece ni en IMDB), para poco después rodar ésta que nos ocupa.

En los 80 se asienta en Barcelona tras perder bastante prestigio debido a sus excesos. Éstos llegaron a tal extremo que fue detenido y acusado de pederastia y trata de blancas, intentando convencer a niñas menores de edad de que era …… ¡EL PRÍNCIPE DE UNA ISLA ORIENTAL LLAMADA KAN! ¡ME LLEVE EL CHANFLE! …..  y que buscaba una reina para darle un heredero. Quiero resaltar que esto que estoy diciendo no son rumores, sino datos sacados de periódicos de la época recopilados por absence en su Blog Ausente hace un par de años (blog que aconsejo a todos desde ya).

El caso es que la película comienza con el anuncio de que el padre de Liu , científico aeroespacial, ha sido secuestrado en París, por lo que la policía de Francia se pondrá en contacto con nuestro héroe, campeón de kárate en varias ocasiones como se nos hace saber, para ayudar en la búsqueda. Resaltar que tanto el personaje como el propio actor se llaman igual, fundiendo en la película el argumento de ficción con el pasado real-falso  de Liu que éste mismo pretendía hacer pasar por cierto, y es que como veremos a lo largo del film, Liu no tiene abuela, y no cesará en recordarnos a lo largo de la hora y media lo molón y lo gran campeón que es.

En un parquecito cercano al Sena (supongo), la mafia se pone en contacto con el campeón americano, el cual, tras una sucesión de planos dramáticos típicos en esta clase de producciones asiáticas, se compromete a hacerle la vida imposible a Liu. Además nos enteramos que nuestro héroe tiene a una supuesta hija en la ciudad. La cosa se complica. Los malos se van y un secuaz del jefazo, mientras van el coche, nos narra los logros de Liu desde casi que nació con pelos y señales. Varios minutos de narración. “Es todo cuanto sabemos de él jefe”, dice el secuaz. Jodio, un poco más y le cuanta la hora a la que se levanta por las mañanas. Un tío eficiente, este secuaz llegará lejos.

Acto seguido se nos presenta a nuestro héroe, enfundado en quimono tipo Ryu corriendo por la campiña china mientras una música difícil de clasificar acompaña la acción, la cual se repetirá en numerosas ocasiones posteriormente. Tres tipos aparecen para impedir que Liu vaya a París, llevándose, como estaba previsto, una buena tunda. Estos tipos además aparecerán sucesivamente a lo largo de la película, siempre los tres, llevándose siempre una paliza por parte de Liu. Aún no me queda claro sin son los mismos o es que pasa como en los beat´em up de los videojuegos, que son personajes distintos con mismo skin-sprite.

En fin, que Liu se traslada a París tras el beneplácito de su venerable maestro. Una vez allí la cosa cada vez nos costará más seguir el desarrollo. Liu, que recordemos, se traslada allí para buscar a su padre, parece olvidarse sucesivamente de ello, pareciendo más que esté allí para hacer turismo sexual que otra cosa, y es que no parará de liarse con francesas mientras que corre de un lado para otro enfrentándose a esbirros sin mucho orden. Todo ello estará salpicado de flashbacks constantes en donde se nos muestra como Liu ya en el pasado estuvo allí, liándose con otra tipa, a la que le puso los cuernos con otra (que ahora es monja) y con la que además tuvo la hija que antes  se nos dijo. Liu además no ha envejecido en todos estos años, claro, es que es inmortal.

En fin, que como por ahora Liu se ha olvidado de su padre y ha recordado lo de su hija, pretende ir a hacerle una visita (quizá para llevarla a su isla de Kan como princesa …). En Notre Dame de París se encontrará con el campeón de artes marciales americano, el cual se opondrá a que Liu vea a su hija (nunca tendremos muy claro por qué no quieren que se encuentren), de modo que le retará a un combate al día siguiente en el mismo sitio, y si lo derrota entonces podrá verla. Imaginamos que como tal vez no les darían permiso para rodar una escena de artes marciales en el templo, al día siguiente se encuentran en la casa de campo del campeón americano, obviando por completo que acordaron encontrarse en la catedral parisina, qué más da. Luchan y Liu sale vencedor, Ahora podrá ver a su hija ¿no?, pues no. Como ya hemos comprobado en numerosas ocasiones Liu tiene memoria de pez, y se olvidará tanto de la apuesta como de su propia hija.

En fin, que la cosa seguirá en este plan todo lo que queda de película, Liu se enfrenta a diversos secuaces sin razón aparente, liga con diversas señoritas, contemplamos besos de Liu, que no besa, sino que pega lametones muy guarros acrecentados por los primeros planos de estos, y entre tanto, se encargará de ir acrecentando su ego.

Finalmente llegamos a la escena final del film. Liu es secuestrado por unas “señoritas” en una pequeño barco de vela. Allí, en medio del mar, se enfrentará a otro chino y a un negro forzudo, a los que vencerá tras una laaaaaarga lucha. Y ya está, se acabó. ¿Qué pasó con el padre? ¿y con la hija? ¿volvió Liu a China? ¿y la organización mafiosa que pretendía acabar con Liu? ¿dejó embarazada a otra parisina esta vez? Pues nunca lo sabremos, como ya dije, el guión en esta película es lo de menos, y lo único que cuenta es acrecentar el ego del propio Liu, hacernos saber cuán grande es. Al menos las luchas están entretenidas, y es que, pese a todo, Liu si que era en realdad un buen artista marcial.