Karate Kimura 2: el Karate kid de saldo

por tetsuo_oli

¿”Karate Kimura 2”?, ¿y por qué no “Karate Kimura 1”?. Pues porque esta segunda entrega de la saga (cuyo título original fue “Il ragazzo dal kimono d’oro” y “Karate Warrior” en los USA) me parece mucho más divertida que la primera, lo que no es poca cosa. Pero no pasa nada, no es especialmente necesario haber visto la primera para disfrutar ésta. Estamos ante una de las copias que surgieron en los 80 tras el éxito de “Karate Kid”, dirigida en este caso por Farbizio DÁngelis (con guión propio y bajo el pseudónimo de Larry Ludman), y que debido al cierto éxito que consiguió le dio para una saga de nada menos que 6 partes (“Karate Kimura 6”, la última, en 1993), aunque ya con actores diferentes desde la tercera.

Os pongo en situación. En la primera entrega tenemos a Anthony Scott (Kim Rossi Stuart, que todavía sigue actuando), el cual llega a Filipinas a visitar a su padre (que se fue de EE.UU pero nunca se nos aclara el porqué). Allí conoce a una chica filipina y uno de los malotes del lugar, Quimo, por razones varias, le hará la vida imposible a nuestro héroe hasta que éste aprenda con un maestro filipino que vive en el bosque, el maestro Kimura, el secreto de las artes marciales ¡EN DIEZ DÍAS!, y además aprendiendo ¡¡¡¡A HACER UN HADOUKEN!!!! técnica con la que vencerá al final al filipino malote. Y como Daniel Larusso en “Karate Kid”, del ligue se olvida para la siguiente peli. Muy buen inicio, película bastante entretenida con muchas partes bastante simpáticas y graciosas fruto de la torpeza del conjunto. Pero aún así, la segunda acabará (en mi opinión) eclipsando a ésta.

 

Tenemos a Anthony de nuevo en EE.UU. En una primera escena ya se nos muestra hablando con una nueva novieta que se ha echado (de la cual se olvidan el resto de la peli, como si no existiera) que le reprende por no haberla invitado a su fiesta de cumpleaños (razones tiene, no se puede negar). Anthony, para salir del marrón le dice que bueeeeno ……  que para él el cumpleaños no significa nada …… tipo duro, sin sensiblerías ni mariconadas. De vuelta  en su casa le espera la fiesta, con sus primos, tíos y abuelos, un coñazo de los gordos, vamos, ni que tuviera diez años. Y ya se sabe como son los abuelos, que a la hora de dar regalos tiran la casa por la ventana, de modo que le regalan a nuestro Anthony un peazo coche que lo flipas, de los que cuando se estropean luego no hay piezas para él y el taller te da un “coche de sustitución”. Éste se marcha de la fiesta que con tanto cariño familiar le habían preparado sus parientes y se va a probar el coche. “Piérdete, el depósito está lleno” dice el abuelo de Anthony esperanzado de que su nieto llegue pronto para comerse la tarta de San Marcos. No esperaba que su nieto no entendiese de frases hechas y que se fuera a tomar la frase al pie de la letra.

En lugar de ir a buscar a su olvidada novia para probar el nuevo coche, Anthony se nos marcha a vacilar sólo por ahí, hasta que vacila a un grupo de chungos de la zona, unos tipos con un coche negro y un tigre pintado en el capó, no hay que ser muy avispado para saber que no hay que tocarle los cojones a esta gente. Claro, éstos se tomarán su venganza, darán caza al deportivo y acabarán echándolo de la carretera hacia una zona pantanosa cercana, quedando el coche hecho una mierda. Imaginaos el marrón, el coche que te acaban de regalar tus abuelos por tu cumpleaños una hora más tarde inservible. ¿Qué hacer? Anthony tiene la respuesta. No aparecer por su casa el resto de la peli.

 

Volverá haciendo autoestop, momento en el que conoce a su nuevo amigo Luke, cuya presentación pasa por ser una de las más patéticas/inquientates que recuerdo. Anthony le pedirá que le lleve, y Luke responderá que vale, de a cuerdo, “pero con una condición. Tienes que ser mi amigo”. O el tipo es un nerd como la copa de un pino que no lo quieren ni sus padres, o es un vicioso/asesino psicópata que va a aprovechar el primer momento para cobrar su deuda.  Anthony se la juega y elige la primera opción, lo cual ya veremos luego que es la correcta: no lo quieren ni sus padres. De hecho Anthony se aprovechará de ello tratando a su nuevo amigo como si de su lacayo fuera el resto de la peli, como un “¡Si, señor Oscuro!” pero en vivo.

Luke comentará que Anthony se ha enfrentado ni más ni menos que a la banda de los Tigres (“una banda de peligrosos fanáticos del kárate”), es decir, una imitación bastante cutrecilla de los Cobra Kai. Pero Anthony no se amedranta, y sin pensárselo dos veces irá con su nuevo amigo a una heladería en donde los Tigres se reúnen (a los tipos chungos también les gusta el helado), y le insistirá a su jefe (Dick) que debe pagarle por la reparación del coche. Claro que éste no acepta, y a punto está de liarla parda hasta que el dependiente cutrecillo que regenta el establecimiento les dice que se controlen. Evidentemente éstos dejan de armar bronca, normal, yo no enfadaría tampoco a mi dependiente de helados habitual, que después me vende los Frigo-pies derretidos y eso no mola.

Pues así las cosas, Anthony se va a casa de su nuevo amigo a celebrar que no le han partido la cara. Y lo hacen por todo lo grande, ¡con caviar y cava!, lo único que Luke tiene en su casa y que los padres le dejan cuando no están. Encima el tío se queja. A mí me dejaban papas fritas congeladas y poco más y tan contento que me ponía. Mientras, nos imaginamos que los abuelos y los primos aún continúan en su fiesta de cumpleaños esperándole para comerse la tarta.

Al día siguiente de vuelta en la escuela, a Anthony, que le va la juerga, se le ocurre coquetear con la novia de Dick. Mal andamos, se lo está buscando. Además nos enteramos de algo que cabreará aún más a Dick. En el pasado, su padre y el de Anthony iban a la misma escuela, siendo el padre de éste el culpable de que expulsaran al de Dick. Como si de una tragedia griega se tratara, nuestro héroe tendrá que pagar por los errores de sus ancestros, de modo que Dick reúne a su (poco impresionante) grupo para ir a pegar una paliza a Anthony.

Los Tigres acorralan a Anthony en una especie de almacén de la facultad. “Se acabó, Miami”, increpa Dick a su víctima en un intento vano por insultarlo nombrando la ciudad en la que se crió nuestro protagonista. Si ya resulta absurdo, trasladad ese intento de insulto a nuestro contexto, es como si a alguien de Jaén lo insultamos diciéndole “Jaén”. Los intentos de intimidación de Dick decaen por momentos tras intentar colocar un par de patadas al rostro de Anthony y ver cómo este los esquiva sin dificultad sin entrar en la pelea. Para provocarlo, Dick recurrirá al viejo truco de insultar/burlarse del contrario como si del Art of Fighting se tratara: “Tu padre era un mal amigo” …….. Uf, un golpe bajo, duras palabras que no dejarían impune a nadie, y mucho menos a nuestro anodino héroe. Y es lo que pasa cuando uno se precipita, que no mide bien lo que hace, de modo que Dick consigue al fin encajar UN golpe, mientras su secuaces le echan una mano. Poco dura la cosa, y es que uno de los trabajadores de la escuela aparece detrás de una verja increpando a todos los que allí se encuentran: “vais a tener que trabajar para ganaros la vida, golfos, niñatos…!” Lo  cómico de la situación es que el tipo insulta como un descosido al mismo tiempo que hace su trabajo, y no sólo eso, sino que por incompetencia de los dobladores ¡insulta incluso con la boca cerrada! Pasmoso.

 

El bueno de Luke recogerá a su nuevo amo amigo mientras éste se lo agradece reprendiéndole que no le ayuda, a la vez que le da instrucciones “quiero que averigües lo que pasó”, en referencia al jaleo en el que estuvo involucrado su padre (suponemos que o se le olvida o no completa la misión, porque no vuelven a referirse a ello más adelante), a lo que añadirá la tarea de que Luke se las tiene que ingeniar para organizar una competición de artes marciales para que se enfrenten Anthony y Dick. Casi na, y eso que lo conoció el día anterior, si ya te manda todo eso, en un par de semanas te pide que le dejes trajirnarse a tu novia el tío caradura.

Seguimos. Como ya hemos dicho, a Anthony le gusta la juerga, de modo que seguirá tonteando con la novia de Dick. Luke se queda a una distancia prudencial mientras su único amigo se pone a ligar hasta que deciden irse por ahí a echar un Toki. Ella le pregunta a Anthony si tiene coche (que zorra la tía, sabiendo que su propio novio lo lanzó a un pantano hace nada). Éste se acerca al buenazo de Luke: “necesito tu coche”. Si, ¿y qué más? Joder, que se conocieron ayer, y hasta ahora Anthony no ha hecho absolutamente nada por Luke. Pendejo. Anthony se larga con la rubia y Luke se vuelve a pata a intentar convencer a Dick de la tontería del torneo.

Sin problema. El lacayo de Anthony soluciona el problemón y organiza un enfrentamiento anunciado en la radio local entre los antagonistas en un sitio que parece el salón de actos del colegio. Dick, como ya hemos dicho, en realidad es un poco mierdecilla, de modo que intentará hacer trampas arreglando un asunto con el que le da la toalla a Anthony en su rincón, mojando ésta con cloroformo para ponerle las cosas en bandeja, que de otra forma se muestra incapaz de vencer. Pues ni aún así, incluso adormecido, Anthony logrará vencer a Dick con un amago del Hadouken que Kimura enseñó a nuestro protagonista en la primera entrega, aunque esta vez ya ni le ponen el efecto especial ese tan chulo dibujado encima del fotograma.

 

¿Y ya hemos acabado? Pues parece que no, y es que lo que llevamos comentado hasta el momento es sólo la primera hora de película. Llegados aquí el director pensaría que había que meterle algo más para llegar a la hora y media de rigor, de modo que en los siguientes 30 minutos meterá con calzador otra historia-continuación de lo que llevamos visto. Ahí vamos.

Dick tiene un mal perder, y como era de esperar (porque queda media hora de peli) buscará venganza. Es ahora cuando nos enteramos que existe un tipo llamado Mark Sanders, campeón del estado 6 veces y que acaba de salir de la cárcel tras una condena. Dick pedirá a uno de sus secuaces que lo busque para que acabe con Anthony tras una módica cantidad de dinero, pero que tiene que parecer una pelea justa, es decir, que se prepara otra competición.

Como era de esperar, Mark aparece al poco, y tras coger por sorpresa a Anthony, la toma con su gran amigo Luke, que se mete por medio y se lleva lo que no está escrito, amenazando Anthony para que acepte un combate justo o le parte el cuello a su amigo. No nos extraña que estuviera en la cárcel, lo que no se es como lo han dejado salir, con lo que es EE.UU. Es momento de pararnos a analizar la situación. Un tipo, recordemos que con antecedentes, ha llegado a la ciudad, te amenaza y te pega una paliza. No sólo eso, sino que a punto está de acabar con la vida de tu colega. Hay testigos, y es que a Anthony le acompañaba la ex novia de Dick, que como era de esperar se ha pasado al bando contrario. La ambulancia ha venido (que por otro lado ni se molestará en avisar a la poli del altercado como debiera ser su deber) y se lleva a Luke al hospital, donde es internado. Tú sabes dónde encontrar a Mark, ya que has quedado con él para partiros la cara en un torneo. Si lo juntamos todo, creo, es mi opinión, que avisar a la policía para que lo detengan y lo vuelvan a encerrar por intento de asesinato como mínimo no debe ser tan complicado, recordemos de nuevo que el tipo acaba de salir de la cárcel y tiene antecedentes….. Pero claro,  en ese caso nosotros no obtendríamos nuestra esperada venganza y a la peli le seguirían quedando 20 minutos por cubrir, por lo que obviemos (una vez más) la lógica y preparémonos para ver al villano morder el polvo.

En fin, que este es un rival serio, es como el jefe final de la recreativa, y Anthony no ha pasado ni por una fase de bonus para mejorar su técnica en toda la peli, por lo que decidirá mandar una carta a su antiguo maestro Kimura, que vive en medio de la selva tropical de Filipinas. No adivinamos cómo leñes le llega el correo a este hombre si ni tan siquiera tiene dirección, ¿la tercera palmera cocotera frente a la colina tras el segundo meandro del riachuelo afluente del Cocomoco?, no lo sabemos, y a parte de a mí, no creo que le importe a nadie más. El caso es que Kimura pilla un vuelo con destino a América en ná, llega a la ciudad de Anthony y se pone a entrenarlo para el combate. Ahora puntualicemos que todo esto ocurre en un par días desde que manda la carta hasta que el anciano llega a América. En aquel entonces no existía el e-mail, pero ni falta que les hacía, unos bestias los de correo allí en Filipinas.

 

En fin, que en nada Anthony aprende de nuevo todo lo que necesita (no queda mucha peli), y el torneo se celebra. Aparece un personaje con un carisma bestial, que no sabemos de dónde sale, pero que nos quedamos con ganas de verle en acción; un supuesto luchador del que no sabremos su nombre pero que llamaremos Trófimo que pretende luchar con el vencedor del torneo. Yo me declaro fan de este personaje desde ya. El combate, poca cosa, Anthony vence con el Hadouken del maestro Kimura (de nuevo sin el efecto especial de la primera entrega) y pa casa. El anciano maestro se queda con el dinero del torneo, y en vez de gastar el dinero (una pasta) allí en Filipinas para cosas necesarias, se lo gasta en comprarle a Anthony un nuevo deportivo. Sí señor, dando ejemplo. Muy rollo ermitaño apartado de todo, pero luego sí que se ha adaptado bien pronto al modelo económico americano. Finalmente vemos como el luchador al que hemos llamado Trófimo le dice a Anthony que a ver si combaten algún día, mientras su imagen se congela, música y letras de crédito, y nosotros nos quedamos esperando una lucha que lamentablemente nunca llegará. Por su parte, los abuelos y primos de Anthony suponemos que seguirán esperando en la fiesta para poder catar al fin la tarta de cumpleaños, que a estas alturas debe estar como una piedra.

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Acerca de tetsuo_oli

Ermitaño y uraño personajillo que disfruta buscando, encontrando e indagando sobre basurilla variada.

Publicado el agosto 3, 2012 en Cine. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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