Gipsy-exploitation evangélica, un género por descubrir

Tetsuo_oli

Hace poco he comenzado a adentrarme en el casposo mundo de la gipsy-exploitation evangélica, o lo que es lo mismo, películas dirigidas y protagonizadas por gitanos evangélicos. El argumento base para este tipo de productos reside en la siguiente premisa: engrandecer la figura de Dios y de Jesucristo y mostrar los peligros de la pérdida de la fe. Si tras lo que acabo de decir aún queda alguien leyendo, continuemos entonces.

De la gipsy-exploitation ya sabía, y también de films de corte cristiano, pero no de esta mezcla tan peculiar. Los productos como podéis imaginaros están rodados con talento nulo, actores que no lo son sobreinterpretando hasta alcanzar niveles cercanos a “Poke” (cuyos “actores” pusieron el límite en lo relativo a la sobreinterpretación), actores que improvisan los diálogos y que miran a la cámara, elementos fuera de lugar y planos secuencias casi todo el rato, todo ello aderezado con continuos temas flamencos de los de gasolinera de autopistas. Sin embargo lo cierto es que, pese al temor a ver algo insufrible durante hora y media, al final se hacen hasta increíblemente entretenidos, para nada cargantes y hasta entrañables, producto del ambiente tremendamente amateur que desprende el conjunto.

Estas son las dos primeras con las que me he iniciado en este apasionante género que a buen seguro seguiré investigando.

Mis quejas hacia Dios

Mis quejas hacia Dios es una película hecha por gitanos evangélicos de la ciudad de Logroño.  La cosa comienza con una música épica completamente fuera de lugar en donde a modo de prólogo vemos a nuestro protagonista, Jesús, el cual se encuentra discutiendo con su mujer debido a una serie de deudas que tiene con el banco y que han desembocado en el inminente embargo de su casa. Esto pone de mala uva a Jesús, que se quejará a Dios de su mala situación.

Hasta ahí la intro, ahora es cuando la historia comienza a avanzar. Tenemos a  Jesús deambulando con el coche por las calles de Logroño meditando y quejándose de su precaria situación cuando casi está a punto de atropellar a un tipo que se ha parado en medio de la carretera. Éste actuará como si no hubiese ocurrido nada, pidiendo a Jesús que lo acerque a no recuerdo donde. El individuo comenzará a quejarse también de su precaria situación, de los males del mundo, llegando incluso a increpar a Jesús, hasta el punto de negar delante de nuestro creyente héroe la propia existencia del Señor. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Que lo insulten a uno vale, pero que insulten al Sagrado … eso no se puede permitir.

Jesús se impone…… un poco, que tampoco es plan de ponerse grosero. Entonces el individuo comenzará a hablar raro, con voz de ultratumba, enterándonos de que se trata ¡del mismísimo diablo!, Éste intentará hacer que Jesús pierda su fe, aunque nuestro protagonista se resistirá alzará sus brazos con gesto de invocación (- 30 PM) y gritará de forma sobreactuada el siguiente hechizo evangélico: “Hay Dios mío, Padre, soy tu hijo y soy tu siervo. Yo sé demonio que no tengo poder, pero ahora en el nombre de Jesús de Nazaret”. Y ya está, la frase queda como incompleta, pero su poder es suficiente para el demonio, que no podrá resistirlo y desaparecerá entre risas diabólicas. ¿Emocionante no creen? Y pensar lo difíciles que eran los hechizos en Aquelarre …..


Pasada la primera escena de ¿terror? de la película, y tras el arrepentimiento de Jesús, seguimos con el trayecto en coche acompañado de un temazo de flamenco para acompañar. Lo cierto es que Jesús no tiene un buen día, y por si fuera poco con los problemas económicos y haberse encontrado con el diablo ahora encima se le para el motor del coche, sólo le queda pisar una mierda de perro para completar el día. Entre tanto aparecerá en pantalla vestido de blanco y luces resplandecientes un personaje esencial. Se trata de un ángel enviado por Dios para ayudar nuestro protagonista, aunque ya veremos más tarde que eso de “ayudar” es decir demasiado.

Por supuesto Jesús aún no sabe nada, el ángel arregla el coche y le pide a Jesús que lo acerque hasta el centro de la ciudad. En el camino el ángel se percata de que Jesús lleva una Biblia en el coche, de modo que le dice que si la puede coger para leerle unos pasajes. ¿En serio? O sea, entiendo que sea religioso, pero esto ya roza el frikismo.

En fin, que el ángel se desvela diciendo el nombre de nuestro protagonista sin que éste previamente se lo revelase. “Hay señooor, otro que sabe mi nombre“ se lamenta Jesús. El ángel le pide entonces que confíe en él, y que cierre los ojos. Jesús, pese a mostrarse reticente en un primer momento (se encontraba en medio de una autopista conduciendo) accederá. Analicemos la situación. Acabamos de recoger a un tipo que no conocemos de nada, que se pone a leerme la Biblia mientras conduzco, y que me dice que cierre los ojos en medio de la carretera que va a enseñarme la causa del Señor. Llamadme desconfiado, pero admitamos que mucha confianza no desprende el ángel.

Jesús acepta y cierra los ojos (si eso no es Fe no se que será) no sucediendo ningún estropicio, de lo cual no nos sorprendemos claro, en caso contrario Jesús se hubiese metido un jostión y le peli se hubiera acabado ahí. El ángel los ha trasladado al pasado. Lo de pasado es relativo, y es que es difícil ponerse en situación cuando VEMOS POSTES DE TELÉFONO EN CADA TOMA Y LAS POBLACIONES DEL FONDO en un escenario rodado presumiblemente en el extrarradio de Logroño. Ya sabemos que el presupuesto es limitado, pero yo que sé, podrían haberse alejado un poco más de la capital, o al menos tener cuidado de sacar planos en los que no apareciese ningún elemento sospechoso.

En fin, que nuestro ángel, cual fantasma de las navidades pasadas, presentes y futuras, le enseñará a Jesús una serie de escenas en las que se “recrean” varios pasajes de la Biblia, y con varios me refiero a dos.

El primer pasaje recreado, y que Jesús deberá contemplar, será el relativo al santo Hob, o como lo dicen ellos, “”, hombre rico que será puesto a prueba por Dios mediante una serie de perrerías hasta dejarlo en la ruina y sin nada. Y es que antes o se hacía las cosas bien o no se hacían. Apreciamos entonces como ya en estas épocas remotas se usaban los pantalones vaqueros y zapatos de deportes, ropas descaradamente visibles debajo del disfraz de los siervos de “Jó”. Tras quedarse sin nada, “Jó”, en medio del campo de jaramagos protagonizará el primer número musical del film. Sí, la peli también contiene números musicales (de flamenco, claro). Algo así como un Jesucristo Superstar flamenco que podríamos bautizar desde ya como Odisea Flamenca de la Biblia. Pues nada, que la finalidad de todo esto es que Jesús vea como otros hombres anteriores a él también pasaron penalidades, pero no por ello perdieron su fe.

El segundo pasaje retratado nos lleva ya a la época romana, y sabemos esto por dos personajes disfrazados como tal. El escenario también cambia, para que nos quejemos de variedad en las localizaciones. En este caso nos encontramos con un castillo que hace las veces de fortaleza. Si en el caso anterior la ambientación se la cargaba unos postes de teléfono y las localidades del fondo en este caso la cosa es incluso peor. No es sólo que aparezcan bancos para sentarse en la calle, es que el cámara se recrea en el aspecto exterior del castillo llegando a tomar primeros planos de las banderas que cuelgan en el mismo, quedando algo cantoso la bandera de España en pleno Imperio Romano.

En fin, seguimos. Se nos cuenta ahora como dos profetas antiguos, que yo nunca había escuchado hasta ahora, lo cual tampoco es mucho decir ya que mi conocimiento sobre los profetas de la Biblia es bastante limitado, que están predicando en la calle la palabra del Señor siendo por ello detenidos por los romanos y encarcelados. Antes de este hecho vemos como ya en la antigua Roma había gitanas en la calle dando ramitas y cosas de eso para pedirte luego el dinero. ¿En serio alguien acaba dando algo? A mí una vez hasta me echaron una curiosa maldición ¡PARA QUE SE ME CAYERAN LAS OREJAS! X_o

Estamos ahora en una catacumba de la prisión-castillo. Presenciamos entonces la escena cumbre de la película. Los romanos le pegan una paliza a los reos. Pero vaya paliza, le ponen la música del Señor de los Anillos (banda sonora que no está quemada ya) y no sólo ralentizan la escena para que parezca más épico, ¡sino que los propios actores se ralentizan ellos mismos! Como a estos mártires les va el sado, parece que aquello les ha gustado, de modo que volvemos a tener escena musical (flamenco por supuesto) con estos apalizados cantando dando gracia a Dios por haber sido pegados a causa de su Fe.

Como Jesús se da cuenta de que no es el único al que han pegado por sus creencias, el ángel le preguntará entonces qué es lo que pediría al Señor si pudiera. Éste le pide ir a ver a sus seres queridos, tras lo cual contemplamos una de las escenas más aburriiiiiidas del metraje. Se trata de ¿lo adivináis? ¡otro número musical! Y además bastante extenso, y es que parece que quisieran rellenar hasta poder pasar la hora de duración, de modo que casi hasta el final de la película contemplamos a un montón de gente vestidas de blanco cantando un tema larguísimo y que servidor contempló íntegro junto a Medusa. Salvo que seáis idiotas como nosotros pasadla adelante (crédulo de mí, que pienso que alguno verá la peli, es la fe del Señor que me inunda cual gitano logroñés).

Llegamos al fin de la película, la última escena. Nada espectacular. Llegados a este punto hubiera quedado que te genial que el demonio del inicio reapareciera y entablara épica batalla con Jesús y el ángel en un escenario apocalíptico con Trash metal flamenco de fondo. Pero no, esta gente tiene más clase que yo y menos medios de los que se precisan para mi idea, de modo que Jesús regresará a su casa, le contará a su mujer lo acontecido, lo arrepentido que está y se acabó. ¡NO SE ARREGLA NADA! Jesús sigue teniendo las mismas deudas y presumiblemente  le acabarán embargando el piso y acabará en la calle con sus churumbeles, aunque con mucha Fe, eso sí. Neorrealismo gitano. Cine con mensaje.

La obra de Satanás

En este caso nos encontramos con una producción si cabe más pobre que la anterior. También los actores gitanos de esta película son más cercanos a nosotros, se parecen más a los de aquí, hablan más parecido al acento que estamos acostumbrados. De nuevo el argumento general es similar al anterior. Así, tenemos a dos protagonistas principales que perderán su fe en el Señor debido a la influencia del diablo. Este caso es si cabe más grave que el anterior, ya que estos son nada más y nada menos que diáconos de su comunidad. Como muchos os habréis quedado igual, lo que deduzco después de ver la película es que este cargo es algo así como un delegado de clase, vamos, una mierda que no sirve para nada.

Tras unas escenas iniciales en donde se nos pasan los nombres de los actores que intervendrán en este conflicto cósmico-religioso pasaremos a unos insufribles diez minutos de misa evangélica en donde el cura, que por el acento aparenta ser sudamericano y se parece un montón al Puma, adoctrina a su comunidad. Llevamos 10 minutos y ya uno se está arrepintiendo, y os anoto que la película dura 1 hora y 42 minutos, al menos la anterior era 1 hora y 10 minutos.

Pero que no cunda el pánico. Tras esos diez minutos la cosa va cogiendo ritmo, y lo cierto es que la duración de la película se pasa “volando”. Tenemos a nuestros dos diáconos, uno de ellos que se parece a Chiru, y como no recuerdo su nombre llamaremos diácono Chiru, mientras que el otro, mi personaje preferido (y que tenga un personaje preferido en esta película no dice nada bueno sobre mí …), como tampoco recuerdo su nombre y no le encuentro parecido con nadie en particular, lo llamaremos por ejemplo diácono Witiza, destacándose por llevarse media película pedo y hablando consigo mismo mediante irrelevantes monólogos.

Tras la misa y una serie de imágenes de volcanes del National Geografic, se nos muestra una escena del ¿infierno?, en donde el mismo demonio, con una voz distorsionada que apenas se entiende pero que al menos tienen la deferencia de subtitular, alienta a sus huestes (tres encapuchados). Como es el infierno observamos una batería en uno de los márgenes, y es que ya sabemos que los mejores grupos están con el diablo. “Odio odio a ese dios tengo que conseguir que se arrodillen ante mí porque para eso soy el príncipe de este mundo” pronuncia Satanás.

Se darán entonces instrucciones a los siervos del mal: “Tu tu tencargaras de destruir casa madrimonios ancianos” dice el señor del averno en una sintaxis arcana e indescifrable para nosotros, meros mortales. Por otro lado, otro siervo se encargará de sembrar “de sanimos contiendas y divisiones” en la Iglesia. Sin embargo al tercero no le da instrucciones, hay que hacer recortes.

Tras estas espantosas escenas volvemos con el diácono Chiru. Descubrimos que se dedica a vender relojes en la calle, y que hoy apenas ha vendido uno. Llega a su casa, pregunta por la comida y su mujer le dice que hay patatas con huevo frito. El diacono Chiru coge un cabreo de los buenos, y es que claro, como se le ocurre ponerle de comer pastas con huevos fritos, coño, que después de un duro día de trabajo uno se merece algo con un poco más de sustancia, no sé, elefante a la aceituna por ejemplo. Pues eso, que tira el plato al suelo (lo cual sabremos más adelante por las quejas de su mujer que no es la primera vez que lo hace) y le pega un hostión a su señora, la cual recibe con pasmosa tranquilidad, como si tuviese el moflete ya endurecido de tanto entrenamiento.

El siguiente es el diácono Witiza, el cual se encuentra con el diácono Chiru en el bar de la esquina que le invita a beber unas copas con otros gitanos de por allí. Y claro, ellos son diáconos, de forma que tienen prohibida la bebida, lo cual les es recordado por los presentes sin que hagan mucho caso. Al final se queda el diácono Witiza sólo, que tras uno de sus primeros monólogos y divagaciones se marcha, botella de JB en la mano, tambaleándose por las esquinas hasta que llega a su casa con un peo de los de que estoy seguro todos conocéis. Se repite una situación similar a la anterior, se pelea con su mujer (sopapo de nuevo que te crió) quejándose de que está hasta los huevos del “curto” que traducido a nuestro idioma de paganos no diáconos quiere decir “culto”, hasta que al final se acuesta a dormir la mona.

Y claro, con las cosas como están, la gente, que es como es, se queja al cura, párroco o lo que sea, que no se están comportando como diáconos ni guardando las formas, siendo revelados del cargo por el susodicho. Desde entonces, a lo largo de la película aparecerán los siervos del diablo de vez en cuando, que no pueden ser vistos por los presentes, riéndose y sembrando discusiones entre los presentes.

Mientras tanto, el diácono Chiru consigue colarle un reloj falso a un tipo por la friolera de 3000 euros. Este hecho, como debemos suponer, acrecienta aún más los pecados cometidos por el diácono, lo cual se lo recordarán los que se han enterado y de su propia mujer, a lo que “Chiru” quitará importancia. Mientras, el diácono Witiza seguirá por ahí emborrachándose y hablando sólo.

A todo esto, el tipo del reloj aparece en casa del diácono Chiru a exigirle que le devuelva el dinero, habiéndose percatado de la falsedad de la mercancía. Está claro que no se lo devolverá, echándolo de la casa, ya que, como bien dice él, “qué más da, es un payo, ya se hartará y se olvidará”. Ya se masca la tragedia.

Estamos ya en el tramo final. El diácono Witiza será exorcizado finalmente en la Iglesia, mientras que estaba claro que nada bueno le esperaba al diácono Chiru. El payo volverá a aparecer, lo invitará a bajar para hablar con él y como payo rastrero y miserable que es le encajará severa puñalada a nuestro héroe que a la postre acabará con su vida. En la moralizante escena final, diácono Chiru sale de su cuerpo y se da cuenta de que está muerto, los siervos del mal se lo llevan y lo atan con “grilletes” a una pared mientras se lamenta por su falta de fe y su comportamiento en vida.

Hay acaba la cosa, aunque aún hay más. Como extras se nos regalan TRES escenas de tomas falsas. Y la pregunta es ¿pero no era la película entera una toma falsa larga?

En fin hemos terminado. Por mi parte seguiré investigando este género, que me ha gustado mucho. Me despido con la frase final de “La obra de Satanás”:

“Que dios os vendica muy muy pero que muy ricamente”

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Acerca de tetsuo_oli

Ermitaño y uraño personajillo que disfruta buscando, encontrando e indagando sobre basurilla variada.

Publicado el mayo 28, 2012 en Cine. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Cuando he leído lo de Gipsy-explotation evangélica, lo primero que se me ha venido a la cabeza es una hipotética versión gitana del Exorcista. Sería algo así:

    “Ay, payo dimonio, asín se muera mi mare te via sacá de las entrañas de esta shurumbela. Mala faca enrobiná te claven en las costillas, ersaborío!”

    A veces me odio a mí mismo xD

  2. Pues seguramente exista, ya seabes como son estas cosas, parece que ya lo has visto todo y de repente encuentras otra cosa más demencial aún que la anterior

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